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El torito de mataderos. De Julio Cortázar.

torito de mataderos

El boxeo fue un deporte que interesó mucho a Julio Cortázar. El personaje de este cuento tiene un referente real que es Justo Suárez, conocido como “El torito de mataderos”. Fue un boxeador cordobés de peso liviano muy popular, quizás el primer ídolo que dio el deporte argentino. Llega al estrellato desde la miseria con una velocidad vertiginosa. Luego, con esa misma aceleración se hunde en el ocaso y muere a los 29 años de tuberculosis.

Final del juego, agrupa 18 cuentos divididos en tres secciones, siendo «torito» uno de los relatos más famosos del cuentista, quien fue un gran admirador de Suárez.

Justo Suarez, conocido como «El torito de mataderos», popular boxeador argentino de peso liviano, considerado como el primer gran ídolo que dio el deporte argentino, fue el protagonista de “Torito”, relato dedicado a su maestro Jacinto Cúcaro, que forma parte del segundo libro de cuentos del escritor, llamado Final del juego, publicado en 1956 y, traducido a diferentes idiomas, tales como francés, inglés, alemán, portugués y hebreo, entre otros.

El cuento está relatado en primera persona a la manera de un monólogo interior, como si se tratara del pensamiento del propio Justo Suárez, y comienza así: “Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la barba”.

El torito de mataderos narra sus vivencias desde la cama de un hospital, enfermo de tuberculosis y sin poder dormir. Desde ese lecho recuerda sus tiempos de victorias y popularidad: “vos sabés que me habían hecho un tanto y todo” . Rememora su pelea en Nueva York con el Negro Flores. También menciona a Tani, a cómo le gustaba “fajar de zurda”, a los miedos de su madre cuando lo veía peleando con otros más grandes. Trae a la vida sus apariciones en los medios deportivos como El Gráfico y dice que “a veces no podía creer que era cierto, de noche antes de dormirme me decía que estaba soñando” . Además revive sus peleas callejeras, a su madre y amigos escuchándolo por la radio en sus combates, las indicaciones de su entrenador, sus rivales: Julio Morocoa, Tani Loayza, Herman Perlick, Bruce Flowers, Babe Herman, Billy Petrolle, Víctor Peralta; autógrafos, un tango compuesto para él, fotos en los periódicos y su última pelea. Sin dolor ni amargura narra un pasado de heroísmo y gloria; recrea la irracionalidad del absurdo que vivió, triunfos y derrotas.

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